Ayuda al hermano menor

Programa Albergue Canino

Uno de los problemas sociales más grandes que los activistas por los derechos de los animales deben enfrentar es la superpoblación de animales domésticos (perros y gatos) y la triste realidad que pasan estos en las calles.

Es realmente triste comprobar que, en nuestro país, el 60% de las personas no creen que es importante hacerse responsables de sus propios animales de compañía, porque los siguen considerando objetos descartables que solamente sirven para cuidar la casa, para que tengan crías y luego venderlas; para entretener, a manera de juguete, a los niños pequeños del hogar, etc.

O la gente que cuando desea una mascota, va a una pet-shop a comprarse una en vez de adoptar de un albergue o rescatarlo de la calle. Y, luego, cuando ya no le es útil o ya se aburrió de ella, la abandona miserablemente en las calles.

Mucha gente piensa que los animales callejeros sobrevivirán de una u otra manera, pero esto no es verdad. Esta es una salida fácil que fuerza a algunas personas a negar la cruel realidad de la superpoblación de animales domésticos. Los animales callejeros no sobreviven sus miserias. Por el contrario, sufren hambre, sed, enfermedades y maltratos. Ningún animal callejero (perro o gato) dura más de dos años en la calle; termina siendo atropellado, envenenado o muriéndose de hambre y de sarna.

Debido a esta situación, otro grave síntoma del problema es la eutanasia para estos animales que no pueden conseguir hogar (no hay nada peor que la calle). La única solución efectiva y ética es las campañas masivas de esterilización (apoyadas por el Estado) y la EDUCACIÒN, algo en lo que todos podemos tomar parte.

¿Cómo? Informando sobre las causas de este problema. No solo es el Estado el culpable, lo son también aquellos que no esterilizan a sus mascotas, quienes compran animales, los criaderos, los que discriminan a los animales mestizos, etc.

Por eso, si Ud. verdaderamente siente compasión y respeto por estos indefensos animales, tome la responsabilidad de rescatarlo de las calles, y ofrézcale un hogar decente, lleno de amor, consideración y respeto. O apoye en la labor de educación a las organizaciones animalistas. Tirarle algunas migajas a un animal callejero y sentir pena por él por unos instantes, no proporciona ninguna ayuda al problema.